मी प्रीमेरा वेज़

Posted by Mario Muguerza lunes, 3 de mayo de 2010 22:38 0 comentarios

Ya era hora. José había esperado demasiado tiempo, exactamente 19 años de castidad, mientras que sus amigos dudaban de su hombría. Nunca pensó ser cura, tampoco pensó esperar hasta el matrimonio, simplemente buscaba ese “algo” que lo empujara a dar el siguiente paso. Era de noche y quedaron en verse 5 minutos antes de las 11. Macarena sería la culpable de arrebatarle en tesoro que por tanto tiempo había resguardado. Ya no le importaba nada, quería diversión, necesitaba esa historia que por tanto tiempo se había sentado escuchar mientras los sementales de sus amigos presumían de cualquier tipo de encuentro sexual con el sexo opuesto. Esta vez, el sería el protagonista, el contador de su propio cuento.

Aquel día José se perfumó en todas las zonas del cuerpo, pensó en depilarse para causar una buena impresión, dejó de masturbarse por un periodo de dos semanas y mandó a su empleada a comprar preservativos para su noche salvaje. Nunca se había puesto uno. Su experiencia observando películas para adultos que robaba del clóset de su papá, en esta ocasión, no le serviría de mucho. Entró al baño, aseguró la perilla de la puerta y se dispuso abrir el preservativo. Era uno sabor a chocolate, le daba curiosidad por probarlo pero su conciencia le decía que eso sería demasiado gay, así que se paralizó en el intento. Tomó su miembro ya erecto, y se dispuso a ponérselo. Era pegajoso y un tanto viscoso; sin embargo, sentía un placer inmenso al deslizarlo de arriba abajo cada vez más rápido. Su arma dio el disparo que anunciaba un momento del descanso. Se lo sacó, lo amarró y lo tiró en el water junto con la bolsa color negro para no dejar ninguna pista del crimen cometido. Por primera vez se puso el condón.

Sentado en una de las bancas de Miraflores, José observaba su reloj cada cierto tiempo. Las manecillas parecían moverse despacio, en tanto un cigarro acompañaba el rítmico meneo de su pie de arriba a bajo (lo que un hombre generalmente hace cuando está excitado). Buscaba por todos lados: “Seguramente se demoró en alistarse, no hay que ser psíquico para saberlo”, lo dijo en voz alta para romper el silencio del tiempo, su único compañero. Algo empezó a moverse por dentro de su pantalón, era el celular que en la pantalla mostraba en nombre de Macarena.

- ¿Aló, Macarena?- trató de poner su voz gruesa para simular sus nervios.

- José ya estoy llegando, espérame un toque más- Habló tan rápido que apenas pudo entenderle.

José empezaba a temer, sería su primera vez. Estaba recargado: preservativos de todos los sabores, una chica bonita a quien no amaba y no le traería complicaciones luego (escenas de celos, regalos mensuales para celebrar el aniversario y conocer a toda la familia sabiendo que todos te quieren matar porque le estás quitando a la única hija que tiene su padre) y, por último y no menos importante, fluidos acumulados por 2 semanas previas al encuentro. Todo eso no servía para nada, los nervios podría jugarle una mala pasada.

Alguien le tocó el hombro, era ella… Macarena.

No parecía nerviosa, la sapiencia de sus anteriores relaciones le otorgaron un Master en la carrera de Sexología Empírica. Su currículum sexual era lo suficientemente amplio: desde la A hasta la Z, altos y delgados, gruesos y desnutridos, cualquiera podía ser el indicado sin importar el tamaño. Su falda terminó por alborotar las calles miraflorinas, los piropos sobraban y las palabras también, José sabía exactamente lo que quería: una noche de placer; mientras que su mirada se perdía en el escote que llevaba entre sus dos pechos abultados.

Sus miradas se cruzaron por poco tiempo, la vergüenza terminó por hacer que él pierda el control y baje la mirada. Las dudas empezaron a brotar, realmente el ya no tenía idea del siguiente paso, se acercó a darle un beso en la mejilla y ella volteó la cara.

- Tranquilo Josesito, se hace así.

A los pocos segundos José sintió el sabor de sus labios húmedos y como ella se los arrancaba. Poco a poco empezó a bajar las manos, el pudor había desapareció y la gente que estaba ahí también. Macarena retrocedió.

- Empezamos bien, y terminamos mal. No vayas tan rápido que la noche es larga- le guiño el ojo, lo tomó de la mano y siguieron caminando.

Ella sacó de su bolsillo un cigarrillo, tomó el encendedor con la otra mano y se dispuso a prenderlo. El humo bailaba sobre la cara de José y aunque le incomodara se hacía el valiente para no toser. Aunque su mente era fuerte no resistió el estímulo de su organismo y lo hizo fuertemente.

- ¿Quieres uno?- le preguntó Macarena

- No gracias, no fumo.

- ¿No fumas?- vaciló.

- No, realmente… No- hizo un gesto de desaprobación.

- Prueba un poco, total yo seré tu primera vez.

La última frase terminó por decidir a José. “El todo por el todo”, se dijo. Tomó el cigarrillo con la mano derecha y lo introdujo en su boca, inhaló y volvió a toser. Su organismo no estaba preparado para eso.

- Mira Josesito, así se hace. Se mete hasta adentro y después se saca hasta afuera. No importa que las primeras veces duela, después ya te acostumbras, la cosa es meterlo hasta adentro para que se sienta.

- Entiendo- dijo José, mientras sus ojos se encendían. Volvió a intentarlo unas tres veces hasta que lo logró.

- Es una regla fundamental hacerlo después del sexo, por lo menos a mí me relaja- rió.

José ya no aguantaba más. Las dudas desaparecieron y el animal sexual que llevaba dentro terminó por apoderarse de él. La tomó de la mano y sin ninguna palabra se la llevó al hotel.